Es muy inquietante. Me tiene desconcertado y ciclotímico. En su mirada veo
el cielo y el infierno como una montaña rusa. Por un lado es correr sin freno
hacia un precipicio, y por el otro abrazar el amor bajo el edredón cuando uno
está cansado de todo el día. Si el ser humano no es tentado por los opuestos
contenidos en una sola entidad, no es humano, ¿verdad? La droga existe desde
que el mundo es mundo, y así ella me revuelve desde el genoma a la educación,
mi contrabajo y mi electrónica. Su mirada abarca los extremos como el hambre
implica la gula y la gula el hambre. Sé que en sus ojos está el café de la
mañana, mi carcajada y mi angustia; lo que, en una proyección muy orgánica,
odio y amo de mí mismo.
Todavía no sé su nombre porque solo me ha mirado
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