Saturday, March 28, 2015

Yo, me, mi, conmigo

Dicen que murió por el ataque de un jaguar en un viaje por la selva en el Yucatán.”
estoy aquí delante vuestro, sentados a la mesa de siempre, agitado por dentro, superficialmente tranquilo. Hace tiempo que no salgo, sabéis que no salgo, os digo que todo bien y de hecho está todo bien, no es un hablar por hablar, prefiero concentrarme en mí y estarme presente con lo que sea, que estar con posturas distantes
“No encontraron el cadáver y es lo que me parece extraño. Ni un dedo, ni una falange, ni ropa ensangrentada. Era una expedición de quince personas más los guías, dijeron. Dormían en unas hamacas en la selva, todos juntos. Atacó el supuesto jaguar y desapareció, puf, y ni rastro, nunca más. Es extraño, ¿no os parece? Aunque sea un anillo, o un piercing entre las heces del bicho en mitad de la selva. Supongo que la mierda de un jaguar debe ser aparente.”
sigo teniendo esta capacidad de hacer que historias intrascendentes parezcan interesantes o divertidas y ya no me soporto esta cháchara indeleble. No lo puedo remediar, antes casi de que ponga el pie fuera de mi nido, me pongo este traje de superhéroe y me lanzo a la aventura diaria de tratar con buena cara con el mundo agresivo. El disfraz esta tan enraizado, tan ego-izado, que parece que le han pegado a Superman el disfraz con cola de carpintero por dentro, entre la tela y la piel. Sería una tortura intentar quitárselo;  gritos, llantos y suplicas mocosas
“No, no, me refiero a que era un tipo un poco histriónico. En la universidad, llamaba la atención, no me digáis que no, y luego salió en aquel programa. ¿Cómo se llamaba? Da igual. Y mentiroso, un rato largo. Mentiroso o que se creía sus propios malabares imaginativos. A su padre, que era alfarero, le disfrazó de diplomático durante mucho tiempo.”
yo no lloro, ni grito, ni suplico porque parezco el Superman que todos conocemos. Bien peinado, buena planta. Intento escucharos y no llego ni a sentiros. Vosotros, mis mejores amigos, mi cuadrilla de siempre; y solo estoy para ser tan asquerosamente narciso que me sitúo a años luz de mí y otros tantos de vosotros, mientras de alguna manera me digo y me repito, a ver si cala, que sin vosotros soy la penosa soledad, y sin mi absolutamente nada. Y si uno de vosotros me mira, como siento mi mirada distante y poco honesta, agarro el móvil y lo miro con un gesto prefabricado. Y si queréis más de beber o unas raciones que os quiten el hambre, yo activo el ON de mi entusiasmo y braceo animado y digo que vale, que una más, y que unas bravas entran siempre bien.
“Es capaz de haber planeado esta locura de muerte retransmitida. Se estableció como el loco oficial de la televisión cutre. Estaba mal de la cabeza. Probablemente ganando tanta pasta se olvidó de tomar la pastilla, hehehe.”
les digo, mientras en otra personalidad me tranquilizo al pensar que soy yo el que se ha tomado la pastilla y que eso me hará salir sano y salvo de la reunión, de la tarde y de la eterna duda de que no sé quién soy yo.


Friday, March 6, 2015

Consigna: reflexiones sobre una imagen

 Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936

 Apoyo las palmas de las manos en el mármol, lo único fresquito. El culo me arde sentado en esta silla de metal que debe llevar a pleno sol como dos mil años. Me he puesto esta horrible manga larga y me estoy deshidratando por los sobacos.  Muevo las manos, las palmas bien abiertas, por la superficie y cierro los ojos intentando llenarme del frescor de la piedra. Que llegue ya mi misteriosa cita.



Me hiere ver todo tan alineado. Las sillas, las mesas, la sombra del toldo, la soledad. Enciendo un cigarro. Desde una esquina de la plaza vacía, a la sombra del sol en lo más alto, miro la supuesta belleza creada, la simetría, que me duele como todas las cuadriculas que me gobiernan. Ver la realidad de fuera reafirma las razones con las que me aplasto. Es un error que no puedo evitar.



Huelo el calor, no creo que aparezca nadie. Ni siquiera un despistado. Las sillas 500 euros, las mesas cerca de 1000, el puto toldo es eléctrico y como no se siente algún cliente tendré que cerrar. Ahora entiendo aquello de que era arriesgado montar un café parisino en la plaza del pueblo de mis padres. En la Mancha. Demasiado tarde. No saben apreciar un buen croissant de mantequilla. Me llaman el catalán. A otros hijos de emigrantes, el madrileño, el vasco, lo que sea. Jodidos ignorantes. Me vuelvo a Barcelona. Vendo la casa de los viejos, alquilo esta mierda de local y que les den por culo.