Thursday, May 14, 2015

Humanidad

La decisión que tomé sobre mí mismo fue tan drástica como nefasta en sus consecuencias. Quería volver a un estado más natural. Cerré mi cuenta de Facebook, borre el Gmail, me puse a dieta de Whatsapp y aplicaciones, y acabe por destrozar el móvil con un martillo. Desinstalé cualquier programa que me comunicara con el exterior pero me vi tan dispuesto a mi nueva vida que apliqué el mismo martillo contra el portátil. Solo dejé una línea fija para temas de urgencia. Intenté establecer relaciones epistolares y solo dos personas contestaron con disposición: mi madre y una antigua novia que seguía enamorada de mí. Me dio igual. Quería cortar toda la sobreestimulación del hombre del siglo XXI e incluso del XX. Y estaba tan decidido que la falta de empatía de los demás no solo no era un inconveniente sino un estímulo para demostrar que la locura tecnológica nos domina y que otro ser humano es posible.
Mi nueva realidad no tardó en manifestarse. Un mes más o menos. Y llego dura y sin avisar como un puñetazo en el estómago. Volvía de dar un paseo sin rumbo y ya en mi barrio, en la tapia de la antigua fábrica, un gato llamó mi atención. Nos miramos un rato, había algo extraño, me maulló tres veces y con ojos de infinita tristeza le vi llorar. Aparté la mirada, era una locura, seguí mi camino, alterado, y al dar la vuelta a la esquina tropecé con Darth Vader. No alguien vestido de Darth Vader. El mismísimo. Y de alguna manera fue simpático. Me sostuvo, noto mi confusión, ¿todo bien?, dijo con esa voz metálica. Dios mío, repliqué, asustado pero rendido. Él se molestó y me dijo esa frase terrorífica del episodio IV, su carencia de fe resulta molesta. Me solté y hui. No trató de seguirme. Llegué al portal de mi edificio. Una voz desde atrás dijo, llevo llaves, déjeme que le abra. Era un marinero de piel azul acompañado de una bola metálica de tamaño humano que supuse su señora. El llevaba la compra, ella no tenía brazos. Congelado, vi como abría la puerta y en cuanto me dejaron un hueco salte dentro del portal, subí las escaleras de tres en tres, forcejeé con mi puerta y cerré detrás de mí con doble cerrojo. Cuando pensaba que me iba a calmar una idea me paso por la cabeza: el piso tiene rincones que no conozco, y aunque sea emocionante buscarlos, no sé por dónde empezar. Era la necesidad de incentivos demenciales e incoherentes. Y horrorizado sentí que si no tenía estímulos, si mi cerebro no encontraba luces, pantallas, avisos, mensajes, anuncios, banners o programas, tendía a crearlos. Que los locos no son los locos sino los diferentes. Que si la humanidad entera es adicta a algo, si todos necesitamos la sustancia que sea, esa es la normalidad y la esencia una fantasía. Sollozando, dejándome caer, comprendí que incluso mi organismo es una pieza más de un mecanismo superior.

Thursday, April 30, 2015

La rutina

De alguna ventana del patio de vecinos se escuchan unos acordes de aprendiz, y el misionero, desnudo ante el espejo, no es capaz de recordar en que siglo le estremecía la música ni cuando se quedó su vida sin banda sonora. Sexo, drogas y rock&roll. ¿Por qué me viene el sexo a la mente todo el tiempo? Dios! Que pena me das, pobrecito mío, desgraciado misionero. De ser dildo, cuatro patas, baños de discoteca, asiento de atrás, los-agujeros-están-para-usarlos, erección matutina, a mentar la más cruda realidad, el buen y sádico dios.   
Un misionero se levanta una mañana empapado en sudor y pensando que tiene una angina de pecho. Al rato empieza a llorar al darse cuenta de que a su corazón no le pasa nada. Simplemente, así de duro, simplemente, está tan harto de ser lo que es que prefiere la muerte a seguir este tránsito sin paisaje. No era un problema de viagra, no lo era. Ni de edad. Fue de confundir sueños con fantasía, de guardar al fondo del armario, con la ropa de invierno, el leitmotif del libre albedrio y vestirse en las excusas y la rutina. Y de dejar de sonreír o de vestir a la sonrisa de mentira; de mirar las losas en vez del cielo hasta tener cemento en las cervicales; de olvidarse de lo difícil que es distinguir follar de hacer el amor para acabar haciendo el misionero sin quererlo, con viagra hasta las cejas para poder serlo.

Friday, April 17, 2015

Preámbulo a las instrucciones para tener un hijo


Piensa en esto: cuando te nacen un hijo ponen ante ti algo que solo puede ir a peor; un ser que, en el momento que te lo depositan en los brazos, es la culminación de la naturaleza, el florecer de los cerezos, el germinar de la flexibilidad y lo sensitivo, la explosión de la expresividad y lo orgánico. Y al mismo tiempo te ponen en los brazos el cenit del egoísmo: decimos, ¿traigo a un retoño a este mundo hermoso?; no, quiero tener un hijo es la expresión. El cenit de tu egoísmo, digo, porque al fin y al cabo decidir la vida y no la vida o la muerte, sino la vida y la nada, el máximo de la necesidad biológica, la manipulación en esencia desde la construcción. Es enjaular al pájaro más bello después de haber creado su belleza, cortarle los tendones de las alas de a poquitos con tijeras para los pelos de la nariz. Cuando a la pureza la nacen, desde el momento en que le deslumbra el mundo de neón, empezamos a inocularle dosis terribles de miedos, de identificación con la decadencia, de educación y rigidez. Empezamos a vestirla con corazas, con dipolos mentales en horizontal y en vertical y, pobres nosotros, luchamos en ese magma, desnudos, más que sin armas, queriendo ser parte, para lo cual creamos ese lugar de claros y oscuros, el jodido ser humano.  Cuando nos nacen, entramos en el peaje y pagamos para poder sobrevivir, euro tras euro, dólar tras dólar, libra tras libra, todo lo anteriormente descrito; de esta manera, a un hijo no le damos la vida para vivirla sino para sobrevivirla y tras un tiempo, ya de adulto, cerrará el círculo: el depredador voraz te dará nietecitos que empezarán de máximos, pasaran por lo mismo y acabaran de mínimos.
Qué ventajista, ¿no es cierto? Algo huele mal en cualquier preámbulo. El párrafo anterior, cada palabra de él. Algo como de juicio, de jerarquía, en este caso, de mirar la vida y la muerte -o la nada- desde la vida, sin posibilidad de respuesta desde el otro lado.  Saber que no hay rival que te pueda opinar, ¿no es miserable? O reivindicar la pureza sin que la pureza pueda decirse nada. El adulto que lo juzga todo sabe lo que es ser niño, lo que es dar cuerda a un reloj; lo sabe todo y al final solo depende de su pericia en el argumento. No puede el niño explicar al adulto el dolor extremo cuando sale un diente, la sensación de que el cuerpo crezca varios centímetros al mes, el abandono del útero. Así, un preámbulo es un ejercicio de cobardes y solo queda dejarlos a un lado y experimentar.


Saturday, April 4, 2015

Filth and loathing in route 66

Soy lo que quieres que sea para no serme feliz. El sudor de los tumores. Soy el charco de un squirt; de puta de barrios pobres.
Y porque la nada duele, y porque grita el vacío, tenme en babia, tenme en jauja, de vacaciones por Oz o de putas por Tailandia.
Busco estar en el calor, no quiero sentirme frio, nadando en un mar de clones, mejor copular contigo.

Your pussy smells like a rotten lemon
So does your cock
Ok, ok, call it even
Thats what Im saying.
Anyway, its sweet to share it, is it?
What?
The acidity
Oh man!

Tales of suburban Chicago

Molly, cariño, apoyas las tetas en la mesa porque el mundo es una mierda, no porque las tengas bonitas. Los pezones insinuados, los labios pintados para chupar pollas a dos carrillos, la mirada insinuante cuando sirves unas buffalo wings, una caesar salad o una ronda de cervezas más, traen suculentas propinas que no se deben a tu talento de Norma Jeane. Si te dieras cuenta de que tus sueños caerán al infierno en el mismo sentido y dirección que la gravedad actua sobre tu hoy prieto culo, sabrías que tu vitalidad es mediocre, tu espontaneidad está planificada y que eres tan guapa y tan fea como cualquiera. Molly, sin acritud, eres normal. 


Cacho Menendez apunta a la banda para intentar una carambola de chulo del medio oeste. Matt Caruso, su amigo, cansado de perder y esperando que Cachito se canse de su exhibición, se apoya en el taco y echa miradas a la tele. Los Bulls machacan a los Knicks, que llevan dos años que no juegan a nada. Sandy O’Sullivan, tan pelirroja como su apellido, espera que esta noche Matt la espere al cierre y la acompañe a casa. Los pectorales marcados de Matt la tienen cachonda toda la tarde. Se imagina cabalgándole en el asiento de atrás del coche de él. Matt casi nunca le dice que no a Cachito. Siente ternura de su masculina exhibición, y entre sus delirios de pandillero, mientras le saca de peleas y le escucha hablar del coño de esta o aquella, sueña con que huirán juntos muy muy lejos y que se abrazaran sinceramente sin disfraces ni estructuras. Un marica más con ideales de amor. Un marica crucificado.

Saturday, March 28, 2015

Yo, me, mi, conmigo

Dicen que murió por el ataque de un jaguar en un viaje por la selva en el Yucatán.”
estoy aquí delante vuestro, sentados a la mesa de siempre, agitado por dentro, superficialmente tranquilo. Hace tiempo que no salgo, sabéis que no salgo, os digo que todo bien y de hecho está todo bien, no es un hablar por hablar, prefiero concentrarme en mí y estarme presente con lo que sea, que estar con posturas distantes
“No encontraron el cadáver y es lo que me parece extraño. Ni un dedo, ni una falange, ni ropa ensangrentada. Era una expedición de quince personas más los guías, dijeron. Dormían en unas hamacas en la selva, todos juntos. Atacó el supuesto jaguar y desapareció, puf, y ni rastro, nunca más. Es extraño, ¿no os parece? Aunque sea un anillo, o un piercing entre las heces del bicho en mitad de la selva. Supongo que la mierda de un jaguar debe ser aparente.”
sigo teniendo esta capacidad de hacer que historias intrascendentes parezcan interesantes o divertidas y ya no me soporto esta cháchara indeleble. No lo puedo remediar, antes casi de que ponga el pie fuera de mi nido, me pongo este traje de superhéroe y me lanzo a la aventura diaria de tratar con buena cara con el mundo agresivo. El disfraz esta tan enraizado, tan ego-izado, que parece que le han pegado a Superman el disfraz con cola de carpintero por dentro, entre la tela y la piel. Sería una tortura intentar quitárselo;  gritos, llantos y suplicas mocosas
“No, no, me refiero a que era un tipo un poco histriónico. En la universidad, llamaba la atención, no me digáis que no, y luego salió en aquel programa. ¿Cómo se llamaba? Da igual. Y mentiroso, un rato largo. Mentiroso o que se creía sus propios malabares imaginativos. A su padre, que era alfarero, le disfrazó de diplomático durante mucho tiempo.”
yo no lloro, ni grito, ni suplico porque parezco el Superman que todos conocemos. Bien peinado, buena planta. Intento escucharos y no llego ni a sentiros. Vosotros, mis mejores amigos, mi cuadrilla de siempre; y solo estoy para ser tan asquerosamente narciso que me sitúo a años luz de mí y otros tantos de vosotros, mientras de alguna manera me digo y me repito, a ver si cala, que sin vosotros soy la penosa soledad, y sin mi absolutamente nada. Y si uno de vosotros me mira, como siento mi mirada distante y poco honesta, agarro el móvil y lo miro con un gesto prefabricado. Y si queréis más de beber o unas raciones que os quiten el hambre, yo activo el ON de mi entusiasmo y braceo animado y digo que vale, que una más, y que unas bravas entran siempre bien.
“Es capaz de haber planeado esta locura de muerte retransmitida. Se estableció como el loco oficial de la televisión cutre. Estaba mal de la cabeza. Probablemente ganando tanta pasta se olvidó de tomar la pastilla, hehehe.”
les digo, mientras en otra personalidad me tranquilizo al pensar que soy yo el que se ha tomado la pastilla y que eso me hará salir sano y salvo de la reunión, de la tarde y de la eterna duda de que no sé quién soy yo.


Friday, March 6, 2015

Consigna: reflexiones sobre una imagen

 Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936

 Apoyo las palmas de las manos en el mármol, lo único fresquito. El culo me arde sentado en esta silla de metal que debe llevar a pleno sol como dos mil años. Me he puesto esta horrible manga larga y me estoy deshidratando por los sobacos.  Muevo las manos, las palmas bien abiertas, por la superficie y cierro los ojos intentando llenarme del frescor de la piedra. Que llegue ya mi misteriosa cita.



Me hiere ver todo tan alineado. Las sillas, las mesas, la sombra del toldo, la soledad. Enciendo un cigarro. Desde una esquina de la plaza vacía, a la sombra del sol en lo más alto, miro la supuesta belleza creada, la simetría, que me duele como todas las cuadriculas que me gobiernan. Ver la realidad de fuera reafirma las razones con las que me aplasto. Es un error que no puedo evitar.



Huelo el calor, no creo que aparezca nadie. Ni siquiera un despistado. Las sillas 500 euros, las mesas cerca de 1000, el puto toldo es eléctrico y como no se siente algún cliente tendré que cerrar. Ahora entiendo aquello de que era arriesgado montar un café parisino en la plaza del pueblo de mis padres. En la Mancha. Demasiado tarde. No saben apreciar un buen croissant de mantequilla. Me llaman el catalán. A otros hijos de emigrantes, el madrileño, el vasco, lo que sea. Jodidos ignorantes. Me vuelvo a Barcelona. Vendo la casa de los viejos, alquilo esta mierda de local y que les den por culo.


Thursday, February 19, 2015

Mamma mia

¡Qué iba a decir si era mi madre la que me tenía que pagar la fianza! Éramos de apretones, del aquí te pillo, aquí te mato, pero como muy animal cuando de un portal sé trataba. En público por regla general nos conteníamos; en el metro nos metíamos mano disimuladamente o por debajo de la mesa en los bares.  Pero si nos poníamos cachondos y teníamos un portal a la vista, era como si en algún momento desconectáramos del estar en público y ya nos desatábamos, mordiscos, embestidas,  posturas imposibles y coreografía. La urbana nos agarró tres veces y solo la última pasamos al juzgado porque el portal en cuestión era el del ayuntamiento; una tarde de verano en la plaza de Sant Jaume, hora punta de turistas.
Mi madre, una clásica, humillada y avergonzada, se quiso tragar la excusa del amor verdadero de película. Veía la vida desde sus vacaciones en Roma, descalza por el parque, y lloraba desconsolada cuando Rick dejaba a Ilsa en el avión por sus amigotes. Así que imaginatela a ella, escrupulosa de la ley, entrando en comisaría para pagar la fianza de un hijo acusado de fornicar como un mandril a las puertas de las instituciones públicas; ella, escrupulosa de la ley. Se tragó como un abuelo la pastilla de azúcar, la historia de la claustrofobia y la agorafobia, se encerró durante un mes entero, desconectó la tele e internet (éramos virales, claro), y se enchufó como 200 películas en blanco y negro.    
Ella y yo, de todas formas, seguimos a lo nuestro. Nos mudamos primero a Milán, luego Londres y Nueva York, y ya con buenos trabajos creo que hemos echado polvos (y fianzas) en casi todos los sitios de postal que se puedan imaginar.  

A Mario Benedetti (Su amor no era sencillo)

Thursday, February 5, 2015

Make me smile


“Villains!” I shrieked, “dissemble no more! I admit the deed!
—tear up the planks! here, here!—
it is the beating of his hideous heart!”
Edgar Allan Poe

Quiero acercarme a tu pequeña nariz. Volverla a ver de cerca, rosada y levemente redondita y subida. Con el sol de frio a tu espalda perfilando tu silueta, el abrigo puesto con la capucha, me dejará ver los detalles de tu gesto; y me quiero acercar, mucho, hasta tenerla a tiro de la yema de mi dedo. Daré un paso y otro y tu sonrisa de luna y payaso abrazará el encuentro. Me pararé delante, respiraré tu confianza y enraizaré mis piernas con la tierra. Devolveré la sonrisa. Pareceremos Los Sonrientes, estaremos de foto, y con tu siguiente exhalación, con mi puño ardiendo de odio te hundiré la nariz en el cráneo. Con la sonrisa helada de odio. No quiero que queden dudas, y aunque sangres, repetiré. Puño cerrado, golpe, golpe y golpe. Crujen cosas. Sangras y quizá sangro yo. Te sujeto el cuerpo con la otra mano, no pierdas pie. No te hagas daño tú, quiero hacértelo yo. Tu nariz rosada ya no tiene forma. Las sangres bañan la tierra. Suéltame. ¿Vas a seguir sonriendo? ¿Mañana, pasado mañana? Ya no será tan hermoso. Sin seducción no hay delito.
El instinto natural, el odio, la rabia, el llanto, el crujido, taponado por la culpa del ego. El corazón delator que palpita bajo el parqué, el monstruo de las alcantarillas. Dejarlo salir como quiera salir, sin responsabilidad o bajo la suya si acaso. Que haga lo quiera. No hay tan terrible consecuencia que no compense el alivio.
Me has desgarrado la camisa y tengo la mano rota.

Tuesday, January 27, 2015

99 crímenes cotidianos II: Castigo

La camiseta roja se desvanece sobre la silla al abrir los ojos cada mañana. Sí, la que llevaba puesta cuando la enterré y la que desgarré con el cuchillo que fue también con ella al fondo del agujero. La que se puso para mentirme una noche más. No volveré a dormir. No volveré a soñar nada más que esa camiseta roja desvaneciéndose sobre la silla para cerrar y abrir el bucle de cada uno de mis días. Previsible conclusión de la pesadilla de haberla conocido.

99 crímenes cotidianos I: Migas

Me dijiste que no hiciera el bizcocho de marihuana.
Me irritó que reventaras la fiesta y te puse LSD en el cubata a ver si dejabas de joder.
Me reí cuando te vi bailar con la almohada como si fuera tu padre el día de nuestra boda.
Me quede paralizado al verte coger las tijeras de la cocina con el odio en la mirada.
Me sacaste un ojo despacio y sonriendo, y te pusiste a lamer las migas del bizcocho.

Thursday, January 22, 2015

Plasma

Recibo el mensaje de mí mismo
De dentro hacia dentro
Me tumbo de lado y me cubro la cabeza

Pienso en el contenido
los yo mismos encerrados
nunca abrazados por el continente
que es el plasma
vivo
en el que todo se mueve
todo habita
es el magma necesario
el planeta tierra invisible
el cariño ofrecido que dejé de lado
el corazón, ese contrabajo de penumbra
que me pregunto qué late cuando yo no lato

No nos damos cuenta de que el aire nos roza
nos penetra
(desconexión, somos maquina orgánicas)
Imagina que no existe el plasma
el líquido acelular
Yo temblaría
porque el contenido lo ocupa todo
lo espeso ES
Sangre sin plasma es una viscosidad inútil

No es cuestión de dejar atrás el pasado
ni los monstruos
ni los peros
ni las tormentas en la cabeza
ni la pelea de gallos
Es cuestión de resolver el presente
no desde lo estático
no desde la no existencia de un deposito finito imprescindible
con contenido desbordado
donde falta el abrazo
y qué grande y qué oscuro
Incontinencia

Darse cuenta entonces
¿Revelación?
Solo que los ruiditos de fondo existen
El rio, la lluvia,
el calor del sol,
el dolor de cabeza,
el plasma del pasado,
el presente

Wednesday, January 21, 2015

Circuito cerrado

Hola cariño,

El tiempo acaba por dar la razón al pesimista; y ya sabes de qué te estoy hablando. Una vez más, pero esta vez es la última aunque no me creas, verbalizo la pregunta que como una losa marca nuestras vidas: ¿por qué te fuiste a enamorar del recogepelotas?

Tenías una pléyade de admiradores, desde los talentosos chulillos de piscina del club al principio, pasando por los hijos de papá, los famosetes de mierda después, los modelos de tus anuncios (casi todos maricas es verdad), otros deportistas de élite con los que te codeabas o te hacían codear, los del postureo, los vigoréxicos del circuito, los periodistas chupasangre, los capullos en yate, nacionales, extranjeros, los hijos de jeques, los sobrinos de dictadores, la nueva generación de la oligarquía de por siempre jamás, la familia torera, los mafiosos rusos; los mariscales de la vida al fin y al cabo. Y vas y te fijas en el recogepelotas.

Yo, cariño, era el que tenía derecho a quererte y admirarte. Yo, que soy un pedo en un jacuzzi, puedo adorar a la estrella, a la princesa, al centro de atención del sistema de castas. Pero desde una distancia que nunca me habría atrevido a acortar, ni un solo metro, porque de cerca no somos dos seres humanos que se miran de igual a igual. Soy yo el que entra en tu mundo, no dos corazones que comparten y que pueden aislarse a voluntad. Joder, mi amor, eres un producto; siento ser tan crudo, y no tengo ni el talento, ni las agallas, ni asumo el rol de perrillo y mantenido, como para hacer de mi vida un seguirte por el mundo de torneo en torneo con los gastos pagados.
Pensarás que una vez más he explotado y que en un ratito se me pasará el ataque de inferioridad. Incluso puede que te enfades y me digas que no puedo soportar tu éxito. Quizá después me abrumes con esa condescendencia que me duele como un puñal hablándome de que algún día mi talento de escritor se verá recompensado. Entonces yo me dejaré achuchar y entraré en razón.
Pues no, cariño, esta vez no. ¿Y sabes por qué? Porque me está entrando angustia de pensar en ese bla,bla,bla tuyo tan repetitivo; porque lo que escribo no lo lee nadie; porque es lo mismo de siempre pero con ansiedad creciente y tiene que tener un límite sensato; porque necesito una vida, asumir mi fracaso y buscarme un trabajo; porque como vuelva a meterme en un avión quince horas para ir a verte jugar con la excusa de que así tengo tiempo para leer y escribir, me dará un ataque de nervios que estrangularé a la azafata; y porque, a pesar de todo, quiero seguir escribiéndote para que no se me quede nada dentro y no me voy a cortar, como he hecho siempre.

No voy a renegar de nada. Han sido tres años de amor porque te quiero con locura y sé que tú a mí también. Y será mucho tiempo de desamor. Como te digo constantemente, no paro de aprender contigo y de tu mundo, precisamente por ser un outsider de toda esa bacanal de egos centrada en tu naricilla que es tu día a día. ¡No sabes lo dichoso que he sido sabiéndome el discretísimo elegido por ti cada noche!
Pero no hay ni habrá más que eso, y de ahí que vaya a confesar lo inconfesable; porque de otro modo no sería capaz de dar el paso y volvería a pisar un aeropuerto con náuseas de cobarde, para ir a sentarme a la fila cien de una grada fría de una pista central más. Exploto víscera con solo pensarlo. Es como si lo hubiera intentado tantísimo que el monstruo que nunca he dejado ni asomar tuviera que salir a ventilarse sin importar las consecuencias.
Confesar lo inconfesable, decía. ¿Recuerdas la bronca que me echaste en Toronto el mes pasado? A gritos me empujaste fuera de la habitación y acabé en el bar del hotel mano a mano con la cerveza. Al día siguiente como si nada, y yo tampoco volví a sacar el tema. Cariño, yo no tengo porque saber encordar una puta raqueta. Para eso están los de la organización. A mí me importa un huevo que la tensión que tú usas sea 29 y no 27 kg. Además, amor, que esto es ridículo. ¡La tensión no se mide en kg!

Ya me estoy liando; voy al grano porque empiezo a justificarme. En fin, que esa noche me lié con Serina Wallace.

Me quedé en el hall junto a recepción haciendo honor a la quinta o sexta cerveza. Solo, ya no quedaba nadie, ni un alma. Ya tarde, como a las 12, bajó tu rival, Serina, con una botella de champán, dando algún tumbo y bastante achispada. La noticia del día era su eliminación en las primeras rondas, ¿recuerdas? No pensé que hubiera reparado en mí porque nunca pienso que nadie en el circuito me mire más que a una maleta, pero vino directamente y se sentó a mi lado como si yo fuera un conocido o casi un amigo. Estuvo un buen rato hablando; la presión de ser la número uno, la necesidad de perder para aliviarla, las ganas de alejarse de su corte de lameculos. ¡Qué sola estaba, cariño, qué sola! Un ser humano que hasta para ir al baño necesita un paje o un juez antidoping. ¿Y sabes cómo me sentí? Igual. Como nunca a tu lado; como un igual con la estrella. Apenas recuerdo en que momento pidió que subieran otra botella a su habitación, con dos vasos, y no te tengo que decir cómo acabó aquello. Te ahorraré los detalles.

Si sigo escribiendo acabaré con un alegato en mi defensa, y me odiaría por ello. Te toca digerir lo que acabas de leer. Es así. No más broncas, no más idas y venidas, no más sumisión ni sueños estúpidos. Pero de alguna manera,
                                                                                                                            Siempre Tuyo

Monday, January 19, 2015

Solo los muertos pueden quedarse

Encontré la forma de que no me desahuciaran. La orden del juez era para el cinco de octubre y va Paco y se me muere el cuatro. Como no hay mal que por bien no venga, se me ocurrió que igual el cadáver de mi marido podría serme útil como resquicio legal. Dirán ustedes que qué frialdad. Puede ser. Pero a mí se me escapaba la risa al pensar en Paco muerto haciendo arquitectura jurídica. ¡Quién se lo iba a decir al borracho cabrón!

Las cosas pasaron así; una hora después de que certificaran que su hígado había reventado como una piñata a golpe de carajillo y nosequé fluido había inundado su triste barrigón, mi hija me dio la idea. “Ya era hora”, dijo, y yo pensé, “¿Realmente es hora?” Entonces lo miré y lo vi más útil que en los últimos quince años, y casi por impulso llame al abogado de la PAH y le pregunte si me podían desahuciar si había un cadáver en casa. El muchacho, todo pundonor y ganas de ayudar, se quedó como sin habla. Evidentemente no lo sabía. Me llamó al cabo de una hora y vino a decir algo así como “vacío legal”. Arreglamos el asunto. Con la excusa de hacerle un velatorio en casa, mi hermana y yo tumbamos a Paco bien arregladito en la cama y nos sentamos a esperar.
A las diez de la mañana llamaron a la puerta. Eran un secretario judicial, un cerrajero y cuatro Mossos. Les sorprendió mi cordialidad pero aun así el funcionario se puso a la tarea y leyó el auto en el que se me apremiaba a abandonar el piso con lo que pudiera llevarme. “Pase, pase al fondo a la derecha y me dice que hacemos con ese paquete”. Como acostumbrado a todo tipo de situaciones se dirigió derecho a la habitación seguido del sequito. Al llegar a la puerta reculo para como si hubiera visto un muerto. En el par de segundos de silencio a mi hermana se le escapó la risa. “¿De qué se ríe usted? ¿Qué es eso?”. “Eso es Paco, ¿a que es para morirse?”.
Creo que los siguientes cinco minutos, lo que se tardó en levantar acta, se les hicieron bien incomodos. Solo el cerrajero con un deje simpático atino a decir, “A mí me lo pagan igual y usted se lo ha montado de cine, señora”.

Estamos en Noviembre ya. Paco está en el congelador de la carne y yo sigo en mi piso, ahora encausada por no querer enterrar a mi marido como manda la ley. Yo alego amor y los peritos certifican algún trastorno o depresión por pérdida. No pueden desahuciarme a menos que me obliguen a sacar a Paco en una caja de pino. O hasta que se vaya la luz.