Monday, January 19, 2015

Solo los muertos pueden quedarse

Encontré la forma de que no me desahuciaran. La orden del juez era para el cinco de octubre y va Paco y se me muere el cuatro. Como no hay mal que por bien no venga, se me ocurrió que igual el cadáver de mi marido podría serme útil como resquicio legal. Dirán ustedes que qué frialdad. Puede ser. Pero a mí se me escapaba la risa al pensar en Paco muerto haciendo arquitectura jurídica. ¡Quién se lo iba a decir al borracho cabrón!

Las cosas pasaron así; una hora después de que certificaran que su hígado había reventado como una piñata a golpe de carajillo y nosequé fluido había inundado su triste barrigón, mi hija me dio la idea. “Ya era hora”, dijo, y yo pensé, “¿Realmente es hora?” Entonces lo miré y lo vi más útil que en los últimos quince años, y casi por impulso llame al abogado de la PAH y le pregunte si me podían desahuciar si había un cadáver en casa. El muchacho, todo pundonor y ganas de ayudar, se quedó como sin habla. Evidentemente no lo sabía. Me llamó al cabo de una hora y vino a decir algo así como “vacío legal”. Arreglamos el asunto. Con la excusa de hacerle un velatorio en casa, mi hermana y yo tumbamos a Paco bien arregladito en la cama y nos sentamos a esperar.
A las diez de la mañana llamaron a la puerta. Eran un secretario judicial, un cerrajero y cuatro Mossos. Les sorprendió mi cordialidad pero aun así el funcionario se puso a la tarea y leyó el auto en el que se me apremiaba a abandonar el piso con lo que pudiera llevarme. “Pase, pase al fondo a la derecha y me dice que hacemos con ese paquete”. Como acostumbrado a todo tipo de situaciones se dirigió derecho a la habitación seguido del sequito. Al llegar a la puerta reculo para como si hubiera visto un muerto. En el par de segundos de silencio a mi hermana se le escapó la risa. “¿De qué se ríe usted? ¿Qué es eso?”. “Eso es Paco, ¿a que es para morirse?”.
Creo que los siguientes cinco minutos, lo que se tardó en levantar acta, se les hicieron bien incomodos. Solo el cerrajero con un deje simpático atino a decir, “A mí me lo pagan igual y usted se lo ha montado de cine, señora”.

Estamos en Noviembre ya. Paco está en el congelador de la carne y yo sigo en mi piso, ahora encausada por no querer enterrar a mi marido como manda la ley. Yo alego amor y los peritos certifican algún trastorno o depresión por pérdida. No pueden desahuciarme a menos que me obliguen a sacar a Paco en una caja de pino. O hasta que se vaya la luz.

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