Encontré la forma de que no me
desahuciaran. La orden del juez era para el cinco de octubre y va Paco y se me
muere el cuatro. Como no hay mal que por bien no venga, se me ocurrió que igual
el cadáver de mi marido podría serme útil como resquicio legal. Dirán ustedes
que qué frialdad. Puede ser. Pero a mí se me escapaba la risa al pensar en Paco
muerto haciendo arquitectura jurídica. ¡Quién se lo iba a decir al borracho
cabrón!
Las cosas pasaron así; una
hora después de que certificaran que su hígado había reventado como una piñata
a golpe de carajillo y nosequé fluido había inundado su triste barrigón, mi
hija me dio la idea. “Ya era hora”, dijo, y yo pensé, “¿Realmente es hora?”
Entonces lo miré y lo vi más útil que en los últimos quince años, y casi por
impulso llame al abogado de la PAH y le pregunte si me podían desahuciar si
había un cadáver en casa. El muchacho, todo pundonor y ganas de ayudar, se
quedó como sin habla. Evidentemente no lo sabía. Me llamó al cabo de una hora y
vino a decir algo así como “vacío legal”. Arreglamos el asunto.
Con la excusa de hacerle un velatorio en casa, mi hermana y yo tumbamos a Paco
bien arregladito en la cama y nos sentamos a esperar.
A las diez de la mañana
llamaron a la puerta. Eran un secretario judicial, un cerrajero y cuatro
Mossos. Les sorprendió mi cordialidad pero aun así el funcionario se puso a la
tarea y leyó el auto en el que se me apremiaba a abandonar el piso con lo que
pudiera llevarme. “Pase, pase al fondo a la derecha y me dice que hacemos con
ese paquete”. Como acostumbrado a todo tipo de situaciones se dirigió derecho a
la habitación seguido del sequito. Al llegar a la puerta reculo para como si
hubiera visto un muerto. En el par de segundos de silencio a mi hermana se le
escapó la risa. “¿De qué se ríe usted? ¿Qué es eso?”. “Eso es Paco, ¿a que es
para morirse?”.
Creo que los siguientes cinco
minutos, lo que se tardó en levantar acta, se les hicieron bien incomodos. Solo
el cerrajero con un deje simpático atino a decir, “A mí me lo pagan igual y
usted se lo ha montado de cine, señora”.
Estamos en Noviembre ya. Paco está
en el congelador de la carne y yo sigo en mi piso, ahora encausada por no
querer enterrar a mi marido como manda la ley. Yo alego amor y los peritos
certifican algún trastorno o depresión por pérdida. No pueden desahuciarme a
menos que me obliguen a sacar a Paco en una caja de pino. O hasta que se vaya
la luz.
No comments:
Post a Comment