Sunday, November 2, 2014

Viernes

La mejilla apoyada en la taza del váter. Bilis, hilos de baba, ya no puedo echar más porque no me queda nada dentro. El olor de mi vómito flotando denso a un palmo me inunda la nariz y me provoca más arcadas vacías. Y Teresa con su moralina de mierda machacándome:
-“Me duermo los viernes sabiendo que me levantare el sábado y te encontrare abrazado al váter. Me das asco. No puedo más”.
Le habla a la triste imagen que soy, desde arriba, desde su porte de ser humano, desde la superioridad de los juiciosos ciudadanos que no tienen vicios y no destrozan su vida. ¿Cuándo vas a empatizar conmigo, hija de puta? Con mi dolor.
Consigo escupir el ácido del estómago en un salivazo enorme que se desliza como un grumo cálido retrete abajo. Hago por girar la cabeza porque ya noto que el cuello me está matando. Todo gira, alguna vertebra hace crack y vuelvo a apoyar la cara en la taza.
-“Voy a hacer café. Te vendría bien.”
La imagen me provoca otra arcada. No atino a decir que no. ¡No puedo, hostia! Hago un puchero, dos, tres, jadeo un poco y me echo a llorar como un niño asustado.
-“¡Te he preguntado si quieres un puto café!”
No preguntes mas eso, por el amor de dios, cállate. No quiero un café, no quiero nada. Pégame un tiro, remátame, puta, que ya estoy muerto, sácame de mi cabeza, arráncamela, alíviame, me duele pensar, me duele sentir. ¿Es que no lo entiendes?

Noto que me he quedado solo. Siempre estoy solo. ¿Cómo puedo acabar una y otra vez así? Recuerdo  a Martín ayer a la salida del trabajo. Me dijo que dejara de torturarme y que fuéramos a tomar una copa. Tampoco entiende una mierda de mi vida, del dolor o de las pocas ganas de seguir adelante, pero es un buen tipo que se considera mi amigo y que intenta ayudar. Recuerdo también la conversación en el Murrays. Sobre el trabajo, el futbol, la mujer de Martín que ha montado una empresa de…. de alguna cosa orgánica.
¿Cuantas cervezas? ¿Cinco, seis? Qué asco. ¿Y luego qué? Tengo imágenes, sensaciones, de perder la cabeza, de tambalearme, de gritar, de mearme los pantalones. Cambie de bar no sé si solo o acompañado… ¿Vomite en un taxi? Me suena. 
Pero sobre todo, la sensación de olvidar que me está pasando, de hacerme más natural y menos rígido, de aliviar un peso horrible y sentirme vivo y con ganas de más. El muro que me separa del resto de seres humanos se va rompiendo con cada sorbo y ya me siento que entro en ellos y que ellos entran en mí. Puedo sentir lo que sienten y transmitir lo que siento. ¡Estoy vivo allí, estoy vivo! ¡Será una puta mentira pero salgo de este infierno! ¿Por qué no lo entiendes, zorra, por qué? 

No comments:

Post a Comment