El gusto por esos diamantes no me dejo ver que
estaban hechos gracias a la sangre de los negros. Yo solo sé, que el emperador
me llevo a ver sus minas y con mis propios ojos vi que la producción era
dinámica y provechosa. ¿Cómo no iba a aceptar un regalo tan precioso de tan
respetable señor? Los negros trabajaban con empeño, con ganas y sí, parecía que
el amor a su patria y a la familia real era la motivación. Son pequeños, es
cierto, pero tenían que haber visto su vigor, su cuerpo musculado, el de ellos
y ellas, incluso el de los niños, dicharacheros y vivos como en pocos lugares.
Las fotos que salieron en prensa no se corresponden con lo que yo vi. Esos
esqueletos andantes, esa desnutrición; sí que había moscas pero ¿dónde no hay
moscas? Donde hace calor hay moscas, digo yo. A ustedes también les habrían
engañado. ¿Críos famélicos? Oigan yo no tengo hijos, y menos negros, así que si
los niños tienen el vientre grande yo pienso que es por glotonería, no por
tener el estómago hinchado de hambre. ¡Pero si yo no vi el hambre! El emperador me dijo que todas las familias recibían
un beneficio de la extracción. Me aseguró que no encontraría un pueblo más
feliz en el mundo. ¡Lo parecían, se lo aseguro! Y yo en guerras no me meto. No,
claro que la guerra no me dio que pensar. Eso son cosas de ellos, por allí se
matan por cualquier tontería, ¿no? ¡Es África, por el amor de Dios! ¿No ven la tele? Además, fanáticos hay
en muchos sitios raros. Extremistas y cosas así. El emperador, negro sí, pero
parecía muy como nosotros. Tenía una tablet normal y corriente. Miren, yo no vi
ninguna guerra, ni violaciones de los derechos de los humanos, ni aberraciones
de clítorix. ¿Que tiene un tigre que alimenta con carne humana? No sé, para mí
un chuletón es un chuletón.
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