Monday, November 10, 2014

Opulencia

El gusto por esos diamantes no me dejo ver que estaban hechos gracias a la sangre de los negros. Yo solo sé, que el emperador me llevo a ver sus minas y con mis propios ojos vi que la producción era dinámica y provechosa. ¿Cómo no iba a aceptar un regalo tan precioso de tan respetable señor? Los negros trabajaban con empeño, con ganas y sí, parecía que el amor a su patria y a la familia real era la motivación. Son pequeños, es cierto, pero tenían que haber visto su vigor, su cuerpo musculado, el de ellos y ellas, incluso el de los niños, dicharacheros y vivos como en pocos lugares. Las fotos que salieron en prensa no se corresponden con lo que yo vi. Esos esqueletos andantes, esa desnutrición; sí que había moscas pero ¿dónde no hay moscas? Donde hace calor hay moscas, digo yo. A ustedes también les habrían engañado. ¿Críos famélicos? Oigan yo no tengo hijos, y menos negros, así que si los niños tienen el vientre grande yo pienso que es por glotonería, no por tener el estómago hinchado de hambre. ¡Pero si yo no vi el hambre!  El emperador me dijo que todas las familias recibían un beneficio de la extracción. Me aseguró que no encontraría un pueblo más feliz en el mundo. ¡Lo parecían, se lo aseguro! Y yo en guerras no me meto. No, claro que la guerra no me dio que pensar. Eso son cosas de ellos, por allí se matan por cualquier tontería, ¿no? ¡Es África, por el amor de  Dios! ¿No ven la tele? Además, fanáticos hay en muchos sitios raros. Extremistas y cosas así. El emperador, negro sí, pero parecía muy como nosotros. Tenía una tablet normal y corriente. Miren, yo no vi ninguna guerra, ni violaciones de los derechos de los humanos, ni aberraciones de clítorix. ¿Que tiene un tigre que alimenta con carne humana? No sé, para mí un chuletón es un chuletón.

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