Thursday, April 30, 2015

La rutina

De alguna ventana del patio de vecinos se escuchan unos acordes de aprendiz, y el misionero, desnudo ante el espejo, no es capaz de recordar en que siglo le estremecía la música ni cuando se quedó su vida sin banda sonora. Sexo, drogas y rock&roll. ¿Por qué me viene el sexo a la mente todo el tiempo? Dios! Que pena me das, pobrecito mío, desgraciado misionero. De ser dildo, cuatro patas, baños de discoteca, asiento de atrás, los-agujeros-están-para-usarlos, erección matutina, a mentar la más cruda realidad, el buen y sádico dios.   
Un misionero se levanta una mañana empapado en sudor y pensando que tiene una angina de pecho. Al rato empieza a llorar al darse cuenta de que a su corazón no le pasa nada. Simplemente, así de duro, simplemente, está tan harto de ser lo que es que prefiere la muerte a seguir este tránsito sin paisaje. No era un problema de viagra, no lo era. Ni de edad. Fue de confundir sueños con fantasía, de guardar al fondo del armario, con la ropa de invierno, el leitmotif del libre albedrio y vestirse en las excusas y la rutina. Y de dejar de sonreír o de vestir a la sonrisa de mentira; de mirar las losas en vez del cielo hasta tener cemento en las cervicales; de olvidarse de lo difícil que es distinguir follar de hacer el amor para acabar haciendo el misionero sin quererlo, con viagra hasta las cejas para poder serlo.

Friday, April 17, 2015

Preámbulo a las instrucciones para tener un hijo


Piensa en esto: cuando te nacen un hijo ponen ante ti algo que solo puede ir a peor; un ser que, en el momento que te lo depositan en los brazos, es la culminación de la naturaleza, el florecer de los cerezos, el germinar de la flexibilidad y lo sensitivo, la explosión de la expresividad y lo orgánico. Y al mismo tiempo te ponen en los brazos el cenit del egoísmo: decimos, ¿traigo a un retoño a este mundo hermoso?; no, quiero tener un hijo es la expresión. El cenit de tu egoísmo, digo, porque al fin y al cabo decidir la vida y no la vida o la muerte, sino la vida y la nada, el máximo de la necesidad biológica, la manipulación en esencia desde la construcción. Es enjaular al pájaro más bello después de haber creado su belleza, cortarle los tendones de las alas de a poquitos con tijeras para los pelos de la nariz. Cuando a la pureza la nacen, desde el momento en que le deslumbra el mundo de neón, empezamos a inocularle dosis terribles de miedos, de identificación con la decadencia, de educación y rigidez. Empezamos a vestirla con corazas, con dipolos mentales en horizontal y en vertical y, pobres nosotros, luchamos en ese magma, desnudos, más que sin armas, queriendo ser parte, para lo cual creamos ese lugar de claros y oscuros, el jodido ser humano.  Cuando nos nacen, entramos en el peaje y pagamos para poder sobrevivir, euro tras euro, dólar tras dólar, libra tras libra, todo lo anteriormente descrito; de esta manera, a un hijo no le damos la vida para vivirla sino para sobrevivirla y tras un tiempo, ya de adulto, cerrará el círculo: el depredador voraz te dará nietecitos que empezarán de máximos, pasaran por lo mismo y acabaran de mínimos.
Qué ventajista, ¿no es cierto? Algo huele mal en cualquier preámbulo. El párrafo anterior, cada palabra de él. Algo como de juicio, de jerarquía, en este caso, de mirar la vida y la muerte -o la nada- desde la vida, sin posibilidad de respuesta desde el otro lado.  Saber que no hay rival que te pueda opinar, ¿no es miserable? O reivindicar la pureza sin que la pureza pueda decirse nada. El adulto que lo juzga todo sabe lo que es ser niño, lo que es dar cuerda a un reloj; lo sabe todo y al final solo depende de su pericia en el argumento. No puede el niño explicar al adulto el dolor extremo cuando sale un diente, la sensación de que el cuerpo crezca varios centímetros al mes, el abandono del útero. Así, un preámbulo es un ejercicio de cobardes y solo queda dejarlos a un lado y experimentar.


Saturday, April 4, 2015

Filth and loathing in route 66

Soy lo que quieres que sea para no serme feliz. El sudor de los tumores. Soy el charco de un squirt; de puta de barrios pobres.
Y porque la nada duele, y porque grita el vacío, tenme en babia, tenme en jauja, de vacaciones por Oz o de putas por Tailandia.
Busco estar en el calor, no quiero sentirme frio, nadando en un mar de clones, mejor copular contigo.

Your pussy smells like a rotten lemon
So does your cock
Ok, ok, call it even
Thats what Im saying.
Anyway, its sweet to share it, is it?
What?
The acidity
Oh man!

Tales of suburban Chicago

Molly, cariño, apoyas las tetas en la mesa porque el mundo es una mierda, no porque las tengas bonitas. Los pezones insinuados, los labios pintados para chupar pollas a dos carrillos, la mirada insinuante cuando sirves unas buffalo wings, una caesar salad o una ronda de cervezas más, traen suculentas propinas que no se deben a tu talento de Norma Jeane. Si te dieras cuenta de que tus sueños caerán al infierno en el mismo sentido y dirección que la gravedad actua sobre tu hoy prieto culo, sabrías que tu vitalidad es mediocre, tu espontaneidad está planificada y que eres tan guapa y tan fea como cualquiera. Molly, sin acritud, eres normal. 


Cacho Menendez apunta a la banda para intentar una carambola de chulo del medio oeste. Matt Caruso, su amigo, cansado de perder y esperando que Cachito se canse de su exhibición, se apoya en el taco y echa miradas a la tele. Los Bulls machacan a los Knicks, que llevan dos años que no juegan a nada. Sandy O’Sullivan, tan pelirroja como su apellido, espera que esta noche Matt la espere al cierre y la acompañe a casa. Los pectorales marcados de Matt la tienen cachonda toda la tarde. Se imagina cabalgándole en el asiento de atrás del coche de él. Matt casi nunca le dice que no a Cachito. Siente ternura de su masculina exhibición, y entre sus delirios de pandillero, mientras le saca de peleas y le escucha hablar del coño de esta o aquella, sueña con que huirán juntos muy muy lejos y que se abrazaran sinceramente sin disfraces ni estructuras. Un marica más con ideales de amor. Un marica crucificado.