Saturday, April 4, 2015

Tales of suburban Chicago

Molly, cariño, apoyas las tetas en la mesa porque el mundo es una mierda, no porque las tengas bonitas. Los pezones insinuados, los labios pintados para chupar pollas a dos carrillos, la mirada insinuante cuando sirves unas buffalo wings, una caesar salad o una ronda de cervezas más, traen suculentas propinas que no se deben a tu talento de Norma Jeane. Si te dieras cuenta de que tus sueños caerán al infierno en el mismo sentido y dirección que la gravedad actua sobre tu hoy prieto culo, sabrías que tu vitalidad es mediocre, tu espontaneidad está planificada y que eres tan guapa y tan fea como cualquiera. Molly, sin acritud, eres normal. 


Cacho Menendez apunta a la banda para intentar una carambola de chulo del medio oeste. Matt Caruso, su amigo, cansado de perder y esperando que Cachito se canse de su exhibición, se apoya en el taco y echa miradas a la tele. Los Bulls machacan a los Knicks, que llevan dos años que no juegan a nada. Sandy O’Sullivan, tan pelirroja como su apellido, espera que esta noche Matt la espere al cierre y la acompañe a casa. Los pectorales marcados de Matt la tienen cachonda toda la tarde. Se imagina cabalgándole en el asiento de atrás del coche de él. Matt casi nunca le dice que no a Cachito. Siente ternura de su masculina exhibición, y entre sus delirios de pandillero, mientras le saca de peleas y le escucha hablar del coño de esta o aquella, sueña con que huirán juntos muy muy lejos y que se abrazaran sinceramente sin disfraces ni estructuras. Un marica más con ideales de amor. Un marica crucificado.

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