La mejilla apoyada en la taza del váter. Bilis, hilos de
baba, ya no puedo echar más porque no me queda nada dentro. El olor de mi
vómito flotando denso a un palmo me inunda la nariz y me provoca más arcadas
vacías. Y Teresa con su moralina de mierda machacándome:
-“Me duermo los viernes sabiendo que me levantare el
sábado y te encontrare abrazado al váter. Me das asco. No puedo más”.
Le habla a la triste imagen que soy, desde arriba, desde
su porte de ser humano, desde la superioridad de los juiciosos ciudadanos que
no tienen vicios y no destrozan su vida. ¿Cuándo vas a empatizar conmigo, hija
de puta? Con mi dolor.
Consigo escupir el ácido del estómago en un salivazo
enorme que se desliza como un grumo cálido retrete abajo. Hago por girar la
cabeza porque ya noto que el cuello me está matando. Todo gira, alguna vertebra
hace crack y vuelvo a apoyar la cara en la taza.
-“Voy a hacer café. Te vendría bien.”
La imagen me provoca otra arcada. No atino a decir que
no. ¡No puedo, hostia! Hago un puchero, dos, tres, jadeo un poco y me echo a
llorar como un niño asustado.
-“¡Te he preguntado si quieres un puto café!”
No preguntes mas eso, por el amor de dios, cállate. No
quiero un café, no quiero nada. Pégame un tiro, remátame, puta, que ya estoy
muerto, sácame de mi cabeza, arráncamela, alíviame, me duele pensar, me duele sentir.
¿Es que no lo entiendes?
Noto que me he quedado solo. Siempre estoy solo. ¿Cómo
puedo acabar una y otra vez así? Recuerdo
a Martín ayer a la salida del trabajo. Me dijo que dejara de torturarme
y que fuéramos a tomar una copa. Tampoco entiende una mierda de mi vida, del
dolor o de las pocas ganas de seguir adelante, pero es un buen tipo que se
considera mi amigo y que intenta ayudar. Recuerdo también la conversación en el
Murrays. Sobre el trabajo, el futbol, la mujer de Martín que ha montado una
empresa de…. de alguna cosa orgánica.
¿Cuantas cervezas? ¿Cinco, seis? Qué asco. ¿Y luego qué?
Tengo imágenes, sensaciones, de perder la cabeza, de tambalearme, de gritar, de
mearme los pantalones. Cambie de bar no sé si solo o acompañado… ¿Vomite en un
taxi? Me suena.
Pero sobre todo, la sensación de olvidar que me está
pasando, de hacerme más natural y menos rígido, de aliviar un peso horrible y
sentirme vivo y con ganas de más. El muro que me separa del resto de seres
humanos se va rompiendo con cada sorbo y ya me siento que entro en ellos y que
ellos entran en mí. Puedo sentir lo que sienten y transmitir lo que siento.
¡Estoy vivo allí, estoy vivo! ¡Será una puta mentira pero salgo de este infierno!
¿Por qué no lo entiendes, zorra, por qué?