Me dijiste que no hiciera el
bizcocho de marihuana.
Me irritó que reventaras la
fiesta y te puse LSD en el cubata a ver si dejabas de joder.
Me reí cuando te vi bailar con la
almohada como si fuera tu padre el día de nuestra boda.
Me quede paralizado al
verte coger las tijeras de la cocina con el odio en la mirada.
Me sacaste un ojo despacio y
sonriendo, y te pusiste a lamer las migas del bizcocho.
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