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Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936 |
Me hiere ver todo
tan alineado. Las sillas, las mesas, la sombra del toldo, la soledad. Enciendo
un cigarro. Desde una esquina de la plaza vacía, a la sombra del sol en lo más
alto, miro la supuesta belleza creada, la simetría, que me duele como todas las
cuadriculas que me gobiernan. Ver la realidad de fuera reafirma las razones con
las que me aplasto. Es un error que no puedo evitar.
Huelo el calor, no
creo que aparezca nadie. Ni siquiera un despistado. Las sillas 500 euros, las
mesas cerca de 1000, el puto toldo es eléctrico y como no se siente algún cliente
tendré que cerrar. Ahora entiendo aquello de que era arriesgado montar un café
parisino en la plaza del pueblo de mis padres. En la Mancha. Demasiado tarde.
No saben apreciar un buen croissant de mantequilla. Me llaman el catalán. A
otros hijos de emigrantes, el madrileño, el vasco, lo que sea. Jodidos
ignorantes. Me vuelvo a Barcelona. Vendo la casa de los viejos, alquilo esta
mierda de local y que les den por culo.

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